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¿Estás en Forma? (¡ponte en forma urgentemente!)

Queridos Amigos,

Soy Darío Safrane, coach profesional de disciplina, éxito y atracción, y he contribuido a mejorar la relación de más de 300 personas con su entorno, ayudándoles a descubrir y obrar las pequeñas cosas que ocasionan efectos macro e incrementan la sensación de disfrute y placer.

Todas las semanas recibo varios correos con consultas sobre el entrenamiento en la disciplina Secretia, y lamentablemente no siempre tengo la oportunidad de responder las dudas de cada uno, así que aquí va una síntesis de puntos importantes: He hecho una breve comparación de aquellas cosas que diferencian a los que desarrollan disciplina de los que no.

Rojo: Persona sin disciplina.
Negro: Persona entrenada/entrenamiento permanente.

Vive atado a algunos hechos del pasado. Esos hechos no le permiten siquiera dormir bien, y gran parte del día en la actualidad se presenta en el pensamiento, determinando la dinámica de interacción con la realidad.

Le ha quitado valor energético al pasado, lo vive como una realidad que ha ocurrido o bien en la vida de otra persona, o bien como una anécdota rica en lecciones. Enfocado en la inmensa intensidad del momento presente, lo que le permite crear fuerte rapport con las personas, su cuerpo, y la naturaleza.

El cuerpo se va deteriorando. La persona espera a que ese deterioro avance, pues no hay mucho qué hacer. De vez en cuando se enferma. Consume cualquier producto que se le antoje sin dar importancia a su karma. No hace nada para revertir el efecto del envejecimiento; permite que la mente se oxide.

El cuerpo es su gran antena; está consciente del momento único que la humanidad vive y mantiene el cuerpo en la mejor de las formas – comenzando por los músculos y siguiendo con la respiración. Procura no consumir productos que vayan en contra del espíritu de la nueva era – tolerancia, igualdad, cero sufrimiento o muerte.

Vive en la matrix. Aunque tal vez lo sospeche, está inmerso en una red enorme de mentiras que le han tejido para el/ella, y allí transcurre su vida entre ilusiones “parche”. Nada es completamente real, sólo el sufrimiento – se nutre de basura mental que le ocupa lugar y así se permite pasar por la vida sin que la vida pase por él/ella. Es esclavo de un sistema perverso, y cada día que pasa se vuelve aún más dependiente de esa droga cruel que es la gran ilusión, cuyo principal síntoma es el egoísmo.

Vive al borde de la matrix; algunas veces tal vez participa satelitalmente por diversión, pero no es esclavo pues conoce el mundo real y está conectado con la vibración de la naturaleza. Es consciente de lo que ocurre en el mundo, es sensible a las tendencias históricas, siempre se hace responsable del progreso de los otros — despierta a los humanos, les habla mirándoles a los ojos y con la verdad — y con gran calma de espíritu. Contagia buena energía.

Se moviliza torpemente por el camino de la vida, haciendo cosas sin inteligencia u orden aparentes; se maneja según un código incompleto, pues no tiene acceso a la “sintonía” apropiada. Su esfuerzo para cada acción debe ser enorme; no comprende de economía ni logística de energía, tropieza permanentemente y difícilmente aprende de errores propios o ajenos. Básicamente no hay gracia en su accionar.

La gracia irradia de él/ella; para cada acción está contemplada la energía, la dirección, la efectividad. Así, lleva a cabo tanto actos pequeños como grandes con elasticidad, y nada le cuesta demasiado — todo lo usa para su propio beneficio (y el de los demás), pues comprende la ecología del pensamiento y la acción. Lleva a cabo sus acciones casi sin hacerlas.

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Restaurando la conexión

Hoy sabemos (no, no es en absoluto obvio!) que no somos sujetos aislados del universo, impotentes hacia un poder superior que sólo nos tiene como objetos, sino que con nuestra voluntad (comparable a la “chispa divina” que se menciona en el Génesis) podemos controlar -de modo similar a cómo lo propusieron hace tiempo los partidarios de la telequinesis, por ejemplo- los hechos y las energías que fluyen en nuestro campo vital.

El poder de la mente es tan inmenso que determina nuestra vida, día a día, segundo a segundo, entonces, ¿cómo no habría de poder controlar de cierto modo el comportamiento de otros elementos en nuestra órbita, del mismo modo exacto en que se comportan los planetas en todo el universo conocido, a la vez que lo más pequeño conocido, los átomos, incluído su núcleo?

El hombre ha erigido a lo largo de su historia una serie de mitos que ha incorporado a su cultura y convertido en “verdades”, dotando de seguridad al individuo y evitándole numerosos temores básicos, pero pagando el precio de habitar una serie de ilusiones/mentiras peligrosamente comparables con la filosofía que presenta la película “Matrix”.

En realidad, podemos decir casi con seguridad que no hay una máquina controlando a los seres humanos, pero sí que hay una mente, la mente de cada uno de nosotros, y por lo tanto la mente total, instruida a cada momento por una regla superior común, que nos obliga a vivir encerrados en una serie de supuestos sobre lo que es la verdad los cuales son en su mayoría por completo erróneos y innegablemente dañinos para la libertad y el desarrollo personal y grupal, y para vivir la vida con la intensidad que fue creada para vivirse. Uno de esos mitos es que el ser humano es en esencia diferente de todas las cosas que lo rodean; tiene más alma que los animales y las plantas (cuando en realidad todos los seres vivos, por no decir todos los seres del mundo) comparten una y la misma alma, y se ha convencido a fuerza de insistencia y adocrinamiento de que su constitución es cualitativamente diferente de la del resto de los elementos del universo (cuando en realidad estamos hechos de moléculas al igual que todo lo demás).

Pero otro de los grandes hitos de la cultura (y las instituciones que se crearon a fin de cuidarla de los iluminados que podían ver más allá de ella) radica en su capacidad de hacernos sentir que lo que somos es lo que somos y ese es el fin de la historia, que nuestras experiencias pasadas nos definen completamente, y que lo que somos en el momento presente es una sumatoria de una biografía y una personalidad, circunscribiendo la conexión con el instante actual a una experiencia mínima y secundaria.

El yo construido socialmente esclaviza al potencial de desarrollar la conexión con una totalidad, y genera ansiedad y sufrimiento (casi siempre inexplicables) cuando se busca trascender.

De este modo, nuestra comunidad ha estado centrada en buscar esos puntos ilusorios, esas celdas invisibles, y desintegrarlas con el derretimiento de los mitos, a través del conocimiento interior y el análisis introspectivo de las constucciones personales, para encontrarnos con la realidad última de que volvemos a nacer a cada instante y que nuestro destino está muy lejos de haber sido escrito, y mediante el conocimiento de leyes y secretos guaradados a lo largo de los años fuera del alcance de las personas, podemos convertirnos literalmente en nuestros mejores y más abundantes sueños, curándonos de cualquier mal (espiritual o no) y aprendiendo a desaprender y luego aprendiendo a disfrutar sanamente de uno mismo, de su cuerpo, de las personas, a redescubrir el amor, la conexión, y por sobre todo a matar el cinismo intelectual que nos ha sido impuesto en nuestros años más jóvenes y conectarnos con nuestro lado intuitivo, nuestra positividad nata, la conexión con lo más alto.


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El Éxito de los Demás es tu Éxito

Carta de uno de nuestros lectores de México:

“Hola, soy Julián. Me he dado cuenta hace algún tiempo de que cuando a mi las cosas no me van muy bien, quiero que a los demás tampoco les vaya bien. Esto me ha hecho pensar mucho, pues no sé por qué me ocurre, y estoy seguro de qué no es correcto. Cualquier reflexión me ayudará a mejorar. Gracias.”

Lo siguiente es para Julián y para tantas pero tantas otras personas que viven según este patrón tan alarmante (sincerate contigo mismo/a si eres una de esas personas).

Hoy en día (quién sabe, tal vez siempre fue así) es notablemente común que las personas NO deseen lo mejor para sus semejantes. Puede que sea el factor envidia lo que esté detrás de este triste fenómeno, contaminando nuestro pensamiento y vaciándolo de amor. Pero por esta vez no hemos de referirnos al factor “interno”, sino más bien el “externo”. Aquí llegamos a la idea de “competencia”, un principio virtualmente impuesto por la cultura -en especial la muy reciente cultura capitalista- el cual tiene como finalidad enfrentar a los seres del mundo, en lugar de unirlos. ¿Por qué decimos a los “seres” y no los “seres humanos”? Porque esta cultura de naturaleza perversa en que vivimos nos ha hecho enemistarnos con todos los seres de nuestro entorno, con los animales, con todo objeto que no identifiquemos como “nosotros”. En lugar de aliarnos por naturaleza y buscar potenciar nuestro bienestar, nuestro éxito, vemos al otro como un adversario, alguien con quien estamos enfrentados por una especie de “territorio”.

Es grave, permitidme decirlo tan seriamente, el que cuando a tu amigo le va bien tú por dentro pienses que preferirías que no le fuera tan bien. Es imperioso que desde el instante en que terminas de leer e incorporar este artículo, comiences a programarte para alegrarte cada vez que te enteras que un amigo (o alguien que no lo es!) está teniendo éxito, porque ello -el propio pensamiento positivo- significará que TU estás compartiendo su éxito. Asimismo, cuando una persona te comente que las cosas no están saliendo demasiado bien para él/ella, entonces has de identificarte y dedicarle buena cantidad de la energía positiva de tu pensamiento para que su situación cambie, en lugar de silenciosamente alegrarte porque hay alguien a quien le “ganas”.

Recuerda: No hay bandos, hay un sólo equipo, y más allá de toda ILUSION, creada donde fuere, hace el tiempo que fuere, cuando a alguien no le va bien, entonces a tí no te va bien (no importa lo que indiquen tus números ni tu estado anímico de ese día), y cuando tu semejante está bien, ello significa que eres tú mismo/a la que está bien. Desde este momento, a grabar esta noción como un mantra, como una plegaria, pues es absolutamente clave para la ascensión.


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La Doctrina Secretia

Tanto para nuestros lectores tradicionales, así como para los neófitos en la temática, traemos un resúmen/explicación/introducción/síntesis de los objetivos de Secretia, su doctrina, su visión, el espíritu de su comunidad, los avances en el estudio de la realidad y los métodos probados de superación personal, y una serie de términos y conceptos clave para comenzar y continuar el camino hacia la reprogramación.

Hoy sabemos (no, no es en absoluto obvio!) que somos sujetos aislados del universo, impotentes hacia un poder superior que sólo nos tiene como objetos, sino que con nuestra voluntad (comparable a la “chispa divina” que se menciona en el Génesis) podemos controlar -de modo similar a cómo lo propusieron hace tiempo los partidarios de la telequinesis, por ejemplo- los hechos y las energías que fluyen en nuestro campo vital. El poder de la mente es tan inmenso que determina nuestra vida, día a día, segundo a segundo, entonces, ¿cómo no habría de poder controlar de cierto modo el comportamiento de otros elementos en nuestra órbita, del mismo modo exacto en que se comportan los planetas en todo el universo conocido, a la vez que lo más pequeño conocido, los átomos, incluído su núcleo?

El hombre ha erigido a lo largo de su historia una serie de mitos que ha incorporado a su cultura y convertido en “verdades”, dotando de seguridad al individuo y evitándole numerosos temores básicos, pero pagando el precio de habitar una serie de ilusiones/mentiras peligrosamente comparables con la filosofía que presenta la película “Matrix”. En realidad, podemos decir casi con seguridad que no hay una máquina controlando a los seres humanos, pero sí que hay una mente, la mente de cada uno de nosotros, y por lo tanto la mente total, instruida a cada momento por una regla superior común, que nos obliga a vivir encerrados en una serie de supuestos sobre lo que es la verdad los cuales son en su mayoría por completo erróneos y innegablemente dañinos para la libertad y el desarrollo personal y grupal, y para vivir la vida con la intensidad que fue creada para vivirse. Uno de esos mitos es que el ser humano es en esencia diferente de todas las cosas que lo rodean; tiene más alma que los animales y las plantas (cuando en realidad todos los seres vivos, por no decir todos los seres del mundo) comparten una y la misma alma, y se ha convencido a fuerza de insistencia y adocrinamiento de que su constitución es cualitativamente diferente de la del resto de los elementos del universo (cuando en realidad estamos hechos de moléculas al igual que todo lo demás).

Pero otro de los grandes hitos de la cultura (y las instituciones que se crearon a fin de cuidarla de los iluminados que podían ver más allá de ella) radica en su capacidad de hacernos sentir que lo que somos es lo que somos y ese es el fin de la historia, que nuestras experiencias pasadas nos definen completamente, y que lo que somos en el momento presente es una sumatoria de una biografía y una personalidad, circunscribiendo la conexión con el instante actual a una experiencia mínima y secundaria. El yo construido socialmente esclaviza al potencial de desarrollar la conexión con una totalidad, y genera ansiedad y sufrimiento (casi siempre inexplicables) cuando se busca trascender.

De este modo, nuestra comunidad ha estado centrada en buscar esos puntos ilusorios, esas celdas invisibles, y desintegrarlas con el derretimiento de los mitos, a través del conocimiento interior y el análisis introspectivo de las constucciones personales, para encontrarnos con la realidad última de que volvemos a nacer a cada instante y que nuestro destino está muy lejos de haber sido escrito, y mediante el conocimiento de leyes y secretos guaradados a lo largo de los años fuera del alcance de las personas, podemos convertirnos literalmente en nuestros mejores y más abundantes sueños, curándonos de cualquier mal (espiritual o no) y aprendiendo a desaprender y luego aprendiendo a disfrutar sanamente de uno mismo, de su cuerpo, de las personas, a redescubrir el amor, la conexión, y por sobre todo a matar el cinismo intelectual que nos ha sido impuesto en nuestros años más jóvenes y conectarnos con nuestro lado intuitivo, nuestra positividad nata, la conexión con lo más alto.


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Humildad: Sacrifica tu ego

No es más rico quien más posee sino quien menos necesita
-Swami Kurmarajadasa

Si tienes solamente un plato de arroz y una lata de atún en tu casa, tu cuerpo te dice que sólo necesita el arroz para estar bien, que con eso tiene suficiente. Sin embargo, tu ansiedad te exige más. ¿Por qué abres la lata de atún? ¿por qué no escuchas tu cuerpo y lo respetas?, ¿no sabes que comer más de lo necesario es malo para la salud?, ¿por qué no guardas esa lata para cuando no tengas nada? ¿por qué maltratas tu cuerpo?. “Quien guarda cuando tiene, siempre tiene cuando requiere”, -dice el proberbio. O, expresado de otra manera, “no es más rico quien más posee sino quien menos necesita”.

Fíjate cómo está el planeta, la atmósfera, la tierra… Nuestro ego, que se cree superior y considera salvajes a los más sencillos, coje en exceso de todo aquello que no necesita. Desperdicia recursos naturales y energía. Contamina, esquilma y ensucia. Ahora el planeta se queja. Agotado y menoscabado, se resiente poco a poco, y si nos quedáramos sin aire respirable y sin comida, ya veríamos cómo nuestro ego soberbio e ignorante, sobreviviría y se alimentaría. Como decián los indios hopi: “la tierra no es una herencia de nuestros padres sino un préstamo de nuestros hijos”.

Todo camino evolutivo, llámese Sivaísmo, Budismo, Taoísmo, o lo que sea, empieza y acaba con el desapego. Pero cuando el ego se pone cabezota, posesivo, ansioso, egoísta, tacaño…, la terapia que debes hacer es renunciar a él. Y si se pone más duro, sólo queda un único camino: ¡sacrificarlo!

“Sacrificar” en este caso no es lo mismo que asesinar o matar. ¿Qué significa entonces?. Sin ego no podemos vivir en este plano material, porque gracias a ese ego, ahamkara -como se le llama en sánscrito, la lengua del Yoga, del Sivaísmo y del Budismo, tu mente, que es mucho más evolucionada- puede manejar el cuerpo, su fisiología, sus carencias y sus virtudes. Puedes, gracias a tu mente, escucharlo y saber lo que necesita. Necesitas tu ego mientras tengas cuerpo, pero un ego sano, humilde y generoso. Sacrificarlo es darle donde más le duele, es hacerle sentir lo que él hace sentir a otros para que se de cuenta de que pensar sólo en sí mismo, osea, egoísmo, no es el camino correcto, que el verdadero camino es ablandarlo a través de la humildad, del compartir y del amor. El autocastigo o la autodestrucción tampoco son soluciones válidas ni evolutivas; pero sí la autoobservancia y el autocontrol de las compulsiones.

En efecto, quien comparte nunca está solo; pero el orgulloso suele quedarse solo y amargado. Lo mismo sucede con el vanidoso, el lujurioso, el egoísta o el mentiroso… Hay muchas maneras de hacer ese “sacrificio” del ego, -depende de lo dura que sea tu máscara-, y todas ellas se realizan mediante el Karma Yoga, o yoga de la acción desinteresada, que alcanza su perfección en el Bakti Yoga, o yoga del amor entusiasta y devocional. Y ¿cómo se realiza esa acción desinteresada?. Parece sencillo a simple vista, y consiste, ni más ni menos, que en realizar cada cosa en tu día a día siempre por amor y sin esperar nada a cambio, por más que le duela a tu ego. El Karma Yoga, por tanto, se perfecciona en el Bakti Yoga, igual que el Hatha Yoga se perfecciona en el Raja Yoga, pilares fundamentales del Sivaísmo.

Muchas son las maneras de evolucionar, pongamos algunos ejemplos:

- Observa tu casa. Observa todo lo que tienes en tu casa. Pregúntate, sinceramente, si lo necesitas todo. Si usas toda la ropa que tienes en tu armario, si necesitas todo el mobiliario y enseres que posees y qué valor económico o sentimental tienen aquellos objetos que son de tu propiedad. Estoy seguro de que hay cosas que desde hace mucho tiempo tienes almacenadas sin prestales ninguna atención. Cosas que incluso pesan. Sacrifica tu ego, dónalas a quienes puedan necesitarlas, y siente la liberación y la ligereza después de haberlo hecho.

- Observa tu mesa, la comida que pones en tu mesa. ¿Pones la comida que necesita tu cuerpo para vivir con buena salud?, ¿son los alimentos de la calidad y la cantidad adecuadas? Cuando terminas de comer, ¿dejas el plato limpio, o siempre te dejas unas migajas, un resto, una cucharada, excusándote de que no te cabe más?. ¿Has pensado en aquellos que no tienen ni tan siquiera esa cucharada que tú te dejas por vicio?. Algunos creen que hacer más comida de la que necesitan, es nadar en la abundancia. Eso es una falacia. Otros creen que así sólo cocinan una sola vez al día. Eso es otra falacia, pues la comida que te dejas para la noche, no tiene la misma calidad, ha perdido parte de sus nutrientes. ¡Sacrifica tu ego!. Pon en tu mesa la comida que necesites, y sólo lo que necesites.

- Observa tu economía familiar. ¿Cuánto dinero gastas?, ¿cuántas cosas demás compras al mes?, ¿compras lo que realmente necesitas o compras compulsivamente y por capricho? ¿Compras allí donde es más caro, creeyendo que es de más calidad? ¿Te dejas llevar por las apariencias y las marcas? ¿Vives por encima de tus posibilidades, creyendo que eso es abundancia?. Imagina una familia de cuatro miembros que gana 6000EUR al mes y gasta todos los meses 6000EUR, tiene hipotecada una casa muy grande y lujosa, un coche fabuloso que todavía no ha pagado, come fuera todos los días, y lleva ropa de marca. Ahora imagina otra familia, también de cuatro miembros, que gana 3000EUR al mes y tiene unos gastos totales de 1500EUR, que ahorra 1000EUR para cuando no tenga o surjan imprevistos y para cuando haya alguna imperiosa necesidad, y que, además de eso, dona a quien lo necesita 500EUR mensuales. Tiene una casa que es más modesta pero le permite pagar la hipoteca o el alquiler con más tranquilidad, tiene un coche más modesto, pero le lleva a todas partes, no debe nada al banco ni tiene deudas con nadie,… ¿Quien crees que es más rico, más feliz y más sano?

- Observa cómo vives y dónde vives. Te quejas de tener problemas familiares pero no pones solución. Te lo dan todo hecho. Tienes comida, ropa, casa y dinero sin que tengas que esforzarte en nada, pero aún así te quejas y pones reproches a todo. Te quejas de que no te comprenden ni te escuchan. Tus padres te lo consienten todo y aún te quejas de que estás agobiado con horarios y normas. Vives con tu familia pero no aportas nada, ni tan siquiera recojes tu plato de la mesa cuando terminas de comer. Tu ego se ahoga en un vaso de agua, lo único que hace es evadirse yéndose de fiesta, gastando compulsivamente todo el dinero en compras innecesarias o desperdicias tu energía, sobretodo la sexual, con relaciones inadecuadas. Tu ego cree que lo merece todo. Tu ego vive como un parásito egoísta y mezquino, no valora nada. Debes aprender a dar gracias a la vida por toda la abundancia que te rodea. Si tu ego tiene más de 20 años y aún sigue pensando de esta manera, inconsciente y sin darse cuenta, mal asunto, estamos ante un caso muy grave que necesita de un cambio radical para poder salvarse de sí mismo. ¡Sacrifica tu ego. Sal de esa casa, enfréntate a la vida, sólo. Llévate lo que te quepa en una pequeña mochila y búscate la vida! Dedica tu tiempo a un trabajo social, humanitario, religioso o ecologista. Véte a África, Sudamérica o algún lugar muy pobre y colabora con alguna ONG. Colabora a tiempo completo realizando Karma y Bakti Yoga en alguna escuela, aldea, ashram o misión, sin recibir nada a cambio. Ayuda a que esa filosofia de vida pueda expandirse. ¡Sacrifica tu ego pijo* y caprichoso, entrega tu vida hasta que tu ego aprenda a ser humilde y dar las gracias por tanta abundancia!

(*cheto, concheto, fashion)

Al principio siempre hay miedo por realizar alguno de estos u otros cambios radicales. El ego tiene resistencias a perder lo que cree que es suyo y a perder las apariencias. El ego no ve más allá de sus propias narices. Tiene muchos prejuicios, excusas y argumentos “sabios y sólidos” que le impiden realizar lo que debe. Ignorante es él. ¡Sólo es un cobarde!

Tu terapia es inminente. Tu terapia no depende del dinero que pagues, no por pagar más conseguirás más sanación. Aunque es cierto que el 95% de los egos del planeta están en los bolsillos de los pantalones y por eso todo dinero pagado siempre es poco. Tu terapia depende de cómo actúes. Sólo un valiente, sólo aquel que es capaz de enfrentarse a sus miedos e inseguridades, sólo aquel que arde en deseos de evolucionar, es capaz de salvarse de sí mismo.

El Karma y Bakti Yoga es más potente de lo que parece. La “primera semana” tendrás miedo porque no sabrás dónde comer o dormir. Podrás caer en el pozo más profundo del universo, tu ego creerá que está perdido, que está muerto.

La “segunda semana” renacerá. La creatividad, el quinto chakra, se despertará y ta darás cuenta de que cuanto más ligero sea tu equipaje, más libre y feliz eres. Vivirás de la caridad de la gente, encontrarás gente que te ayudará en todo, especialmente cuanto más noble, humilde y honrado sea tu camino. Encontrarás la verdadera abundancia, no te faltará nunca de nada y siempre en el momento adecuado. Vivirás el aquí y ahora, tus ansiedades desaparecerán, tus traumas desaparecerán, no hay tiempo ni energía que perder en esas ilusiones del ego. El conocimiento será como pensado y hecho, deseado y creado. Todo fluye a la velocidad de la luz, la evolución está asegurada, la libertad a la vuelta de la esquina. ¿Te atreves? Cuando el discípulo está preparado, el maestro aparece…


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Entendiendo la Esencia de este Viaje

Tanto para nuestros lectores tradicionales, así como para los neófitos en la temática, traemos un resúmen/explicación/introducción/síntesis de los objetivos de Secretia, su doctrina, su visión, el espíritu de su comunidad, los avances en el estudio de la realidad y los métodos probados de superación personal, y una serie de términos y conceptos clave para comenzar y continuar el camino hacia la reprogramación.

Hace alrededor de dos años, el film “El Secreto“, basado en el libro homónimo de Rhonda Byrne, produjo una revolución en el pensamiento y filosofía de incontables personas alrededor del mundo. El documental explicaba básicamente que las personas no somos sujetos aislados del universo, impotentes hacia un poder superior que sólo nos tiene como objetos, sino que con nuestra voluntad (comparable a la “chispa divina” que se menciona en el Génesis) podemos controlar -de modo similar a cómo lo propusieron hace tiempo los partidarios de la telequinesis, por ejemplo- los hechos y las energías que fluyen en nuestro campo vital. El poder de la mente es tan inmenso que determina nuestra vida, día a día, segundo a segundo, entonces, ¿cómo no habría de poder controlar de cierto modo el comportamiento de otros elementos en nuestra órbita, del mismo modo exacto en que se comportan los planetas en todo el universo conocido, a la vez que lo más pequeño conocido, los átomos, incluído su núcleo?

El hombre ha erigido a lo largo de su historia una serie de mitos que ha incorporado a su cultura y convertido en “verdades”, dotando de seguridad al individuo y evitándole numerosos temores básicos, pero pagando el precio de habitar una serie de ilusiones/mentiras peligrosamente comparables con la filosofía que presenta la película “Matrix”. En realidad, podemos decir casi con seguridad que no hay una máquina controlando a los seres humanos, pero sí que hay una mente, la mente de cada uno de nosotros, y por lo tanto la mente total, instruida a cada momento por una regla superior común, que nos obliga a vivir encerrados en una serie de supuestos sobre lo que es la verdad los cuales son en su mayoría por completo erróneos y innegablemente dañinos para la libertad y el desarrollo personal y grupal, y para vivir la vida con la intensidad que fue creada para vivirse. Uno de esos mitos es que el ser humano es en esencia diferente de todas las cosas que lo rodean; tiene más alma que los animales y las plantas (cuando en realidad todos los seres vivos, por no decir todos los seres del mundo) comparten una y la misma alma, y se ha convencido a fuerza de insistencia y adocrinamiento de que su constitución es cualitativamente diferente de la del resto de los elementos del universo (cuando en realidad estamos hechos de moléculas al igual que todo lo demás).

Pero otro de los grandes hitos de la cultura (y las instituciones que se crearon a fin de cuidarla de los iluminados que podían ver más allá de ella) radica en su capacidad de hacernos sentir que lo que somos es lo que somos y ese es el fin de la historia, que nuestras experiencias pasadas nos definen completamente, y que lo que somos en el momento presente es una sumatoria de una biografía y una personalidad, circunscribiendo la conexión con el instante actual a una experiencia mínima y secundaria. El yo construido socialmente esclaviza al potencial de desarrollar la conexión con una totalidad, y genera ansiedad y sufrimiento (casi siempre inexplicables) cuando se busca trascender.

De este modo, nuestra comunidad ha estado centrada en buscar esos puntos ilusorios, esas celdas invisibles, y desintegrarlas con el derretimiento de los mitos, a través del conocimiento interior y el análisis introspectivo de las construcciones personales, para encontrarnos con la realidad última de que volvemos a nacer a cada instante y que nuestro destino está muy lejos de haber sido escrito, y mediante el conocimiento de leyes y secretos guaradados a lo largo de los años fuera del alcance de las personas, podemos convertirnos literalmente en nuestros mejores y más abundantes sueños, curándonos de cualquier mal (espiritual o no) y aprendiendo a desaprender y luego aprendiendo a disfrutar sanamente de uno mismo, de su cuerpo, de las personas, a redescubrir el amor, la conexión, y por sobre todo a matar el cinismo intelectual que nos ha sido impuesto en nuestros años más jóvenes y conectarnos con nuestro lado intuitivo, nuestra positividad nata, la conexión con lo más alto.


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