De Qué Está Hecha la Felicidad?
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¿Estás de acuerdo con estos factores de la dicha?
¿Con cuáles sí y con cuáles no?
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1. Riqueza
2. Ambición
3. Inteligencia
4. Genética
5. Belleza
6. Amistad
7. Matrominio
8. Fé
9. Caridad
10. Edad
1- Riqueza
El dinero contribuye a la felicidad hasta cierto punto, pero cuando uno cuenta con casa, vestido y sustento va perdiendo importancia. Los científicos han observado que, en general, la gente más rica es más feliz; sin embargo, la relación entre dinero y felicidad es compleja. En los últimos 50 años, el ingreso promedio aumentó mucho en los países industrializados, no así los niveles de felicidad. Al parecer, una vez satisfechas las necesidades básicas, él dinero proporciona más dicha sólo si uno tiene más que los amigos, los vecinos y los colegas.
“El dinero compra estatus, y éste hace que la gente se sienta mejor”, dice Andrew Oswald, economista de la Universidad de Warwick, en Coventry, Inglaterra. Esto explica por qué algunas personas que buscan estatus en otra forma (científicos y actores, por ejemplo) aceptan de buena gana empleos no muy bien pagados.
2- Ambición
¿Cuántas cosas necesita uno tener para ser feliz? En los años 80, el profesor canadiense Alex Michalos pidió a 18,000 estudiantes universitarios de 39 países que midieran su felicidad en una escala numérica e indicaran cuán cerca estaban de poseer todo lo que querían. Aquellos cuyas aspiraciones – no sólo de dinero, sino de amigos, familia, trabajo, salud, etc.- superaban por mucho lo que ya tenían, tendián a ser menos felices que los que percibían una diferencia menor. El tamaño de la brecha resultó ser un indicador de felicidad unas cinco veces mejor que el monto de los ingresos.
Este quizá explique por qué mucha gente no se siente más feliz a medida que va aumentando el sueldo. En vez de satisfacer nuestros deseos, muchos simplemente deseamos más. En encuentas realizadas en Estados Unidos por la empresa Roper en los últimos 20 años, se pidió a los participantes hacer una lista de los bienes materiales que consideraban importantes para tener “una buena vida”. Los investigadores descubrieron que cuanto más tenía la gente, más larga era la lista. Al parecer, “la buena vida” se mantenía siempre fuera de su alcance.
3- La inteligencia
Aunque se han hecho pocos estudios para averiguar si la gente más lista es más feliz, todo indica que la inteligencia no influye en la dicha.
Esto sorprende a primera vista, ya que las personas sesudas suelen ganar más y los ricos tienden a ser más felices.
Algunos investigadores creen que como los inteligentes tienen expectativas más altas, suelen trazarse metas muy ambiciosas. “Al parecer, sacar una puntuación alta en una prueba de inteligencia -lo que implica tener un vocabulario amplio y agilidad mental- no tiene mucho que ver con la capacidad para llevarse bien con los demás”, dice de Diener, psicólogo de la Universidad de Illinois, en UrbanaChampaign, quien considera que la “inteligencia social” podría ser la clave de la verdadera felicidad.
4- Genética
¿Es innata la felicidad? David Lykken, genetista conductural y profesor de psicología de la Universidad de Minnesota, en Minneapolis, cree que la mitad de nuestra sensación de bienestar depende de lo que estamos viviendo en determinado momento, y la otra mitad de un nivel fijo de felicidad que está determinado genéticamente hasta en un 90 por ciento y al que volvemos después de vivir sucesos dramáticos. “Aunque nuestro nivel fijo de felicidad esté determinado en gran parte por los genes”, explica Lykken, “depende de nuestro buen juicio y preparación -o de los de nuestros padres- que se traduzca en alegría o en insatisfacción”.
Lykken descubrió que la variación genética representa entre 44 y 55 por ciento de la diferencia entre niveles de felicidad. Ni el ingreso, ni el estado civil, ni la fe, ni la educación representan más de un tres por ciento.
Así pues, de uno depende el situarse por encima o por debajo del nivel fijo de felicidad. Diversos estudios han demostrado que los extrovertidos tienden a ser más felices que la mayoría de la gente, y mucho más que los introvertidos. También hay pruebas de que el buen humor nos hace más sociables. Michael Cunningham, de la Universidad de Louisville, en Kentucky, comprobó que la gente se vuelve más parlanchina y accesible luego de ver una película alegre que si ve una triste. En teoría, incluso alguien que tenga un nivel fijo de felicidad bajo puede mejorar su percepción de la vida.
5- La belleza
El rumor es cierto: la gente bella es más feliz. Cuando de Diener pidió a unas personas que evaluaran su propio aspecto físico, observó un “efecto leve pero positivo del atractivo físico en el bienestar subjetivo”.
La explicación quizá sea que la vida es más benévola con los guapos. O tal vez se trate de algo más sutil. Los rostros más atractivos son muy siméticos, y hay pruebas de que la simetría es señal de buenos genes y un sistema inmunitario saludable. Entonces, la gente hermosa quizá sea más feliz porque es más sana.
Usted puede aprovechar el efecto benéfico que la belleza le da a su ego aunque no tenga un físico enviadiable; sólo tiene que estar convencido de que luce de maravilla.
6- Amistad
Es difícil imaginar una existencia más dura que vivir en las calles de Calcuta, en uno de sus barrios bajos o ejercer allí la prostitución. Pero, a pesar de la miseria, la gente que vive en esas condiciones es más feliz de lo que uno creería.
Diener entrevistó a 83 personas de esos tres grupos y midió su satisfacción con la vida usando una escala en la que un 2 indicaba grado neutro. El promedio general fue de 1.93, no muy alto, pero significativo si se compara con el que obtuvo un grupo testigo de estudiantes de clase media, que fue de 2.43. De los tres grupos los habitantes de los barrios bajos eran los más felices, con un promedio de 2.23, similar al de los estudiantes.
“Creemos que, en parte, la explicación son las relaciones sociales”, dice Diener. Los tres grupos del estudio dijeron estar muy satisfechos en aspectos como la familia (2.5) y los amigos (2.4). Dada la importancia que tiene la familia extendida en la cultura de la India, la satisfacción de los habitantes de los barrios bajos al parecer se deriva de que están en condiciones de sacar provecho del apoyo social.
7- Matrimonio
Según una revisión de informes de 42 países llevada a cabo por unos investigadores estadounidenses, las personas casadas suelen ser más felices que las solteras. La diferencia es pequeña, pero plantea una duda interesante: ¿el matrimonio lo hace a uno feliz, o simplemente la gente feliz tiene mayor disposición a casarse?
Las dos cosas pueden ser ciertas. En un estudio de 15 años realizado con más de 30,000 alemanes, Diener y sus colegas observaron que la gente feliz tendía más a casarse y a permanecer casada. Sin embargo, cualquiera puede mejorar su estado de ánimo casándose. El efecto comienza alrededor de un año antes de la boda y dura cuando menos otro año. En el caso de muchas personas, su grado de satisfacción vuelve entonces al nivel original, pero al decir de los investigadores, esto no significa que un buen matrimonio no pueda tener un efecto positivo permanente. Asimismo, la gente que al principio es menos feliz suele sentirse más animada con el matrimonio.
Los estudios indican que la unión libre no brinda los mismos beneficios. “Sospecho que a las parejas que viven en unión libre les falta la seguridad que da el acta matrimonial, y por eso no se sienten tan felices”, dice Andrew Oswald, “Sabemos, por todos los datos con que contamos, que la inseguridad es nociva para los seres humanos”.
8- Fé
De las docenas de estudios que se han realizado sobre religión y felicidad, la gran mayoría han encontrado una relación positiva entre ambas.
Creer en que existe una vida después de la muerte le da sentido y consuelo a muchas personas, además de paliar el sentimiento de estar solas en el mundo, sobre todo al envejecer, explica Harold Koenig, del Centro Médico de la Universidad Duke. “Esto se hace patente en situaciones difíciles. Las creencias religiosas o espirituales pueden ser un arma muy poderosa para enfrentar la adversidad”.
Además, la religión fomenta la interacción y el apoyo sociales. Sin embargo, Koenig considera que no se trata sólo de recibir. “Los estudios muestran que quienes ayudan a los demás se sienten bien consigo mismos, e incluso viven más”, dice. Esto, afirman los investigadores, hace que la práctica religiosa sea una fuente de mayor satisfacción que otras actividades sociales.
9- Caridad
Diversos estudios han encontrado una relación entre la felicidad y el altruismo, pero como ocurre con muchos otros rasgos de conducta, no se sabe con certeza si ser caritativos nos hace sentir bien, o si la gente feliz tiende a ser más generosa.
James Konow, economista de la Universidad Loyola Marymount, en Los Ángeles, trató de determinar la causa y el efecto con un experimento. Pidió a unos estudiantes que contestaran un cuestionario, y hacia el final de la sesión les dio 10 dólares a la mitad y les dijo que podían compartirlos con los que no habían recibido nada. Konow observó que cuanto más felices eran los estudiantes en general, más tendían a compartir el dinero. Sin embargo, haber estado de buen humor el día de la prueba no los hizo más generosos, y los que compartieron el dinero no mostraron un aumento inmediato de felicidad. De hecho, al final estaban un poco menos contentos.
Con todo, los que compartieron el dinero tendían a presentar los rasgos de personalidad de quienes buscan realizarse plenamente; es decir, ser mejores como individuos. Konow cree que un acto aislado de generosidad no aumenta la felicidad de las personas, pero sí los efectos acumulativos de ser generoso.
10- Edad
La vejez quizá no sea tan mala. “Con todos los problemas que acarrea el envejecimiento, ¿cómo es posible que la gente mayor se sienta feliz?”, pregunta Laura Carstensen, profesora de psicología de la Universidad Stanford, en California.
En un estudio, la psicóloga les dio radiolocalizadores a 184 personas de entre 19 y 94 años, y se comunicó con ellas cinco veces al día durante una semana; en cada ocasión les pidió que llenaran un cuestionario sobre sus emociones. Los mayores informaron de emociones positivas casi tanto como los jóvenes, pero menos emociones negativas.
¿Por qué los viejos son más felices?. Algunos científicos creen que es porque esperan que la vida sea más dura y aprenden a sobrellevarla, o porque son más realistas y sólo se trazan metas que están a su alcance. Pero Carstensen cree que, conforme se le va agotando el tiempo, la gente mayor aprende a concentrarse en lo que la hace feliz y a soslayar lo que no.
“No sólo se dan cuenta de lo que tienen, sino de que no es eterno”, dice. “Cuando se tienen 85 años, por ejemplo, despedir con un beso al esposo puede generar una respuesta emocional mucho más compleja que el mismo beso a los 20 años”.
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La felicidad es la capacidad de sentir emociones de alegría, satisfacción y afecto, las que se manifiestan en el organismo como un torrente de endorfinas en un determinado tiempo. La angustia es una emoción permanente como una variable de la fuerza de voluntad que impulsa alcanzar el objeto del deceo. La suma de nuestros deseos por la angustia que estos generan deben esta balanceadas con relación a las emociones endorfinicas y podemos decir que llevamos una vida en plenitud. La plenitud es lo que se confunde con una vida feliz. La felicidad son instantes,la riqueza, la fe, la amistad etc. son conceptos subjetivos.
Quiero referirme a la temátiva del mensaje SIN LEERLO previamente, para no condicionarme.
Yo he vivido en abundancia, en pobreza y en miseria lo cual pienso que me faculta para expresar estas palabras. El problema fundamental de la actualidad está en la formación que recibimos, tanto del hogar como del sistema educativo. Claro que debe tenerse un poco de ambición, claro que debe desearse estar mejor (sin entrar en disquisiciones sobre qué es estar mejor porque cada uno tendrá su propia idea en función de su entorno), Pero pienso que es un asunto de la naturaleza humana desbocada, no controlada. Cada uno debe estar en el sitio que el sistema le asigna, en las condiciones propias de cada uno, sin competencias, sin odios, sin serruchadas de piso, sin ambiciones desmedidas. Mi papá, oh mi amado padre –un hombre maravilloso– nos decía: "no se meta donde no lo llaman, no vaya a otros ambientes diferentes al nuestro, vístase con decencia pero sin arrogancias, córtese el cabello oscuro–como dicen los peluqueros–, como un hombre …. y otras pautas por el estilo (él era educador en enseñanza primaria). Y eso era sabio, porque la gente no respeta: critica, hiere, avergüenza a los que no son "como ellos". Ya el Adepto de Nazareth dio las pautas … lo demás está en nuestras manos. Estimado lector: ¿conoce usted a algúnn esposo que, en lugar de en su satisfacción y etc. piense primero en su esposa, luego en sus hijos y finalmente en él mismo? En la máxima pobreza, una pareja puede ser feliz si hay amor y respeto; el exceso de riqueza no hace la felicidad, corrompe las almas. Por eso estamos como estamos.
Ha usted tomado conciencia de las responsabilidad cósmica ue significa traer hijos al mundo? Dios nos envía "carboncitos" y tenemos que entregarle esos carboncitos transformados en diamantes. Le dice eso algo? Pero qué hace la sociedad moderna? Le recomiendo sensibilizarse estuchando atentamente el discurso de Cantinflas, Embajador de Los Cocos, de la película SU EXCELENCIA.
Su Excelencia.
Hola, agradesco este artículo, creo que es es de gran ayuda para darse cuenta que los conceptos aqui expuestos se viven o experimentan en forma muy distinta para todas las personas, claro la felicidad es un concepto muy amplio que hemos experimentado y que vamos a experimentar siempre y cuando nos propongamos hacerlo, me parece que ser feliz no es tan complicado, siempre pequeños detalles y acciones nos hace sentir contentos, eso es un hecho, tan cierto como la vida. Seamos felices. Un abrazo a todos y bendiciones.