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El secreto del Yo

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Éste es un articulo que encontré hace un tiempo que lamentablemente es de díficil lectura. Lo publico porque tiene algunos conceptos interesantes para el que disfrute de leer.

Ser conscientes de ser, de pensar y operar, de reflexionar y de actuar en bien y en mal no es suficiente prueba de la completa consciencia del ser:

El Yo superficial es el Yo presente y es el producto de una experiencia temporal, que se limita a manifestar las actividades de aquel Yo temporal operante con una consciencia limitadísima con relación al tiempo, también este limitado.
El Yo profundo, que encierra toda la consciencia del ser, es una secreta actividad que opera solamente en el vastísimo campo del ser incorpóreo.
Lo incorpóreo no es otra cosa que el conjunto de las experiencias, el equipaje que contiene las secretas cosas del Yo inmortal.
El Yo inmortal es el Yo eternamente unido a todas las manifestaciones de lo creado. Él no está sólo en el presente, sino tambien en el pasado y en el futuro.


El hecho de que algunos puedan conducir el camino de algunos otros hacía senderos, que estos últimos desconocen, no es cosa misteriosa ni es fenómeno como muchos quieren creer.
El fenómeno no existe si no existe la causa que produce aquello que muchos, desdichadamente ignorantes, llaman fenómeno.
Muchas causas son, todavía, potentes fuerzas misteriosas que actúan y se manifiestan y que, a menudo, dejan perplejos a quienes no quieren comprender su naturaleza y su procedencia. Pero, en verdad, no hay tanto misterio como, aún, se quiere obstinadamente creer; el misterio y el fenómeno son y existen solamente para aquella parte de la humanidad aún niña e inconsciente.
Tales acontecimientos, que todavía se discuten como cosas ocultas son, sin embargo, actividades de un mundo superior mucho más evolucionado que el nuestro y con criaturas vueltas más conscientes.
El Yo secreto es un faro de luz que ve, oye, opera y a menudo actúa, procurando a aquel que sabe sacudirlo, una sabiduría sin límites y potentes posibilidades de conocimiento.
Una vez en contacto con esta inmortal Luz, los ojos del espíritu sufren una tal dilatación que permite la visión inmensa y sublime del gran Templo, en donde la vida y la muerte operan en continua armonía para la realización de aquel Yo completo, idóneo a traspasar, y para siempre, el mundo de la materia con el perfecto conocimiento de todas las capacidades morales.
La íntima historia del alma de este mundo, desde su creación, corre sobre las alas inmortales del tiempo.
Su encanto divino es inagotable, queda indeleble en la Luz del eterno pensamiento de los hombres y nunca se ha mostrado en la mente del profano el místico poder que religiosamente se oculta en el alma ardiente de aquellos que, con entrañable amor, despiertan su fuerza y de ella cogen la verdad y la belleza.
No es cosa fácil tener éxito en tal empresa, ni es cosa simple abrir las alas de fuego del espíritu para poder saborear totalmente la dulzura de un viaje a través del Templo del tiempo, en donde cada cosa logra vivir en un breve espacio, en los Cielos.
Yo, que he amado, más allá de los límites, tal encanto con religioso conocimiento de los Divinos Poderes, he abierto las alas de fuego de mi espíritu con la plena consciencia de volverme a encontrar en aquel breve espacio de los Cielos y de haber comprendido, además de la infinita grandeza de Dios, el significado profundo del misterioso camino de los seres de este mundo y de todo aquello que en él vive y se transforma por virtud de aquella divina e inmutable Ley que tal obra rige.
La historia es breve en el pensamiento e inexpresable verbalmente, y es quizás por ésto que también es incomprensible para aquellos que, todavía privados de aquella inmortal Luz interior, a menudo confunden, con su natural fantasía, una obra espiritual nacida de la profundidad de la conciencia interior, con una obra común de experiencia puramente literaria y limitada por los conocimientos de una brevísima existencia.
Yo digo que no es suficiente comprender aquello que está limitado por la membrana del breve tiempo que es nuestra vida, ni es satisfactorio para el alma coger solamente aquello que se encuentra en la superficie de la conciencia.
Es necesario ir al fondo, rompiendo con la fuerza de la fe todas aquellas membranas que encierran los verdaderos valores de la conciencia atávica del Yo eterno.
Allí, el alma se siente unida al inconfundible y eterno Principio y solamente allí puede coger las apreciadas perlas de una Verdad que conforta y que promueve la resurreción de la eterna conciencia.
No es vano el camino, ni nunca lo será para aquellos que creen en Dios y Lo buscan en el secreto del Yo.
No es en vano el camino, creedme.
Quisiera poder comprender el secreto atávico de la fantasía humana para poder encontrar el conforto que busco y que todavía no consigo encontrar.
Quisiera poder confundirme con la verdad de todas las criaturas de Dios que me rodean, que pienso, que creo y que amo, como una sola y única cosa existente.
Quisiera poder hablar en el silencio de la Luz de los Cielos para calmar la encendida tempestad que se ha desarrollado en lo profundo de mi Alma.
Quisiera finalmente, poder preguntar al Eterno Padre de los padres si vale la pena desatar, de la atávica conciencia, el nudo de Luz que encierra las preciosas Gemas para imprimir Su eterno reflejo en estos folios y si, todavía, es útil que yo haga conocer a esta generación, enana de fe y gigante de orgullo, tantos secretos que, quizá, ridiculizará porque no comprenderá.
Si tanta gracia Él me concede y si tanta luz hay dentro de mi alma, no puedo no creer diferentemente que sí.
Y yo no vacilo un sólo instante a decir a quien cree y a quien no cree:
Hay una extraña fuerza que opera incansablemente y que crea las cosas, todavía, antes que el Ser las piense. Esta fuerza, que no es ciertamente material, es inmortal siendo parte operante del sistema creativo del Pensamiento Divino.
Por el momento nosotros la llamaremos “fantasia” y nos limitaremos a ir de acuerdo con los hombres de la actual ciencia que mejor de todos saben y comprenden la verdad.
La verdad indiscutible es que muchas cosas antes se piensan y, luego, se realizan y, ciertamente, no podría ser diferentemente. Sin embargo, para poder quedar definitivamente convencidos, deberemos conocer o por lo menos pensar la verdad inicial que debería dar respuesta a esta pregunta:
“¿Dónde estaba el objeto, o la forma del objeto, todavía antes de ser pensado y, luego, realizado?.”
Mil respuestas, con palabras más o menos difíciles, se condensan ante esta pregunta.
Los doctores escrutan el horizonte físico y otros, todavía, buscan en el fenómeno sin causa la explicación natural, dando un sí o un pero, sin conseguir con esto una respuesta aproximada.
No son necesarias difíciles expresiones, ni cálculos numéricos para poder tomar el argumento principal que lleva a una concluyente respuesta a tal pregunta.
La enorme dificultad está solamente en poder comprender el valor intrínseco, aún cuando alegórico, del argumento que más se ha vuelto idóneo a abrir el vastísimo horizonte de un tan importante conocimiento.
Si el pensamiento es el producto de la energía radiante que desarrolla la actividad de nuestro cerebro, éste debe poseer, necesariamente, aquella extraordinaria elasticidad que posee la luz y, por consiguiente, aquellas determinadas características que un cuerpo luz posee.
Por tal motivo la primera verdad no está en el pensamiento, sino en la energía que contiene el atávico germen del pensamiento y que, en un cierto momento, encuentra en las vibraciones de un cerebro el campo idóneo de su desarrollo.
Por germen, quiero decir una parte o, mejor, el principio de una larga estela de gérmenes-pensamiento, ligados los unos a los otros y que hacen parte de una determinada actividad del cerebro atávico.
La verdad es que un mundo super-consciente y super-inteligente, si bien incorpóreo y microscópico, nos escapa a la observación, y aún cuando sufrimos con consciencia cualquier actividad suya, no buscamos nunca la verdadera causa, justamente porque no estamos en el campo de observación en aquel determinado momento.
De hecho, cuando una estela luminosa de gérmenes-pensamiento entra en contacto con un ser preparado e idóneo para desarrollar las características y por consiguiente el metódico movimiento vibratorio, los gérmenes-pensamiento producen en este ser la perfecta visión de los hechos, acontecimientos, formas, objetos, etc.
Y es difícil, extremadamente difícil poder comprender a aquel o aquella que se han vuelto sujetos del mundo del pensamiento.
Muchos ciertamente quisieran probar, por lo menos una vez, para creer de modo definido en el inmenso poder que sobrepasa nuestro insignificante orgullo y nuestro mísero conocimiento, pero mejor es la prueba para aquellos que más que probar quieren entrar, definitivamente, en este mundo anticipadamente y poder dar en vida aquello que quisieran dar después de la muerte.
Evidentemente, el camino a recorrer para poder comunicar con el mundo del pensamiento no es fácil y además de esto requiere enormes sacrificios, para poderos dar una pálida idea de los enormes esfuerzos que son necesarios afrontar y superar para alcanzar la meta.
El sistema nervioso debe vibrar, desarrollando al máximo la emisión de ondas ultrasensibles por todas las partes del cuerpo y, de modo especial, del cerebro.
Para desarrollar esta actividad es necesario, sin causar deterioro en el delicadísimo sistema nervioso, habituarse a:
1) Permanecer en un lugar excesivamente ruidoso y aislarse del ruido;
2) Mirar el disco solar sin pestañear;
3) Leer cualquier argumento y buscar la causa, la raíz, el sentido primitivo, trabajando con la sola actividad de la palabra silencio.
Y tantas, tantas otras actividades que queriendo enunciarlas no podría, siendo ésto prácticamente imposible.

El secreto del Conocimiento-Uno está encerrado en el Conocimiento-Interno manifestado sensible y también en el Conocimiento-Externo no manifestado hipersensible.
Uno y otro Conocimiento son dos arduas vías en un mismo sendero. La meta es el Conocimiento-Uno.
Quien por estas vías anda, con profunda serenidad de espíritu, encontrará la fuerza de concebir con consciencia el significado y las obras de los elementos creados y de los elementos creadores.
Sed prudentes y no caigáis en la red de la inconsciencia y de la ignorancia, puesto que tal paso ofusca el poder del movimiento evolutivo del Conocimiento externo.
Ser inteligentes no es suficiente para iniciar tal camino.
El sendero del Conocimiento-Uno requiere, más que inteligencia, una preparación profunda e incondicionada de nuestro ser externo hipersensible.
El éxtasis inmóvil contemplativo, para el desarrollo de las vibraciones externas, es la única prueba de idoneidad para poder iniciar el camino del Conocimiento-Uno y, por consiguiente, de las Felicidades Eternas.

Para poder promover El Éxtasis Inmóvil Contemplativo son indispensables las siguientes condiciones:

- Absoluto silencio
- Completa soledad
- Lugar posiblemente alto
- Luz solar
- Serenidad de espíritu
- Inmovilidad absoluta
- Contemplación profunda

Sin las cuales no es posible promoverLo.
De tal prueba nace la idoneidad de aquel o aquella que quiera emprender la vía del sendero del Conocimiento-Uno.
La energía psíquica de nuestra mente funciona siempre, positiva o negativamente.
Puede catalizar presupuestos por excitaciónes del ambiente. Cuerpos pensamiento latentes están alrededor de nosotros, provenientes de cualquier fuente.
Todo es energía y, por consiguiente, radiación emanada o recibida, percibida.
Espontáneamente, conduciendo la normal vida emotiva, estos quedan concentrados, puros, en equilibrio. Después de haber alcanzado la definitiva conquista de que la vida es solo un sueño, el perceptivo viene, no se le puede llamar, es necesario darle su importancia cuando viene, saberlo individualizar con nuestro “yo”, un yo que debe salir de la nivelación, movido por sentimientos excepcionales.
Las condiciones, direcciones de pensamiento, a menudo derivan de temporáneas concentraciones personales sobre el argumento.
No es un sueño la santidad, la inspiración, la continuidad eterna, la ascensión: son posibles, alcanzables también inmediatamente, al inicio de la firme voluntad. Más allá de la cultura, de toda larga preparación está el instinto, dejarse ir y se vuelve aquello sobre lo cual nos concentramos.
El Espíritu Santo habitará en nuestro corazón en un cierto momento de nuestra vida, como un viento sin ruido, dándonos la única Verdad Instructiva, la revelada.

Bharat y Hermes, al momento del alba y del ocaso, con su voluntad, desataron los nudos de mis pensamientos, que en tal movimiento de alas de fuego, se dilatan como nubes de la Eterna Sabiduría y de la Vida Una.
El secreto de la meditación está encerrado en el torbellino invisible de aquello que me rodea por el cual se desatan las ansias y tomo nueva vida vibrante de profundos conocimientos.
Siento en mí la llama del Sol, de cordura y conocimiento, que se manifiesta como cosa definida. Los secretos del tiempo remoto, el sendero ántico, las Leyes inmutables del principio y del fin de todo cosa mortal.
A través del sendero del Conocimiento Uno y de la Vida Una se llega a la meta de todo acontecimiento manifestado y no manifestado, tal es la vía de la Sabiduría y de la Cordura para los siete conocimientos de la Vida Eterna.


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